Es increíble lo fácil que es que algo se derrumbe de repente.
Puede estar todo perfecto, lo puedes ver todo por un día como querías. Pero siempre hay un momento en el que una simple palabra, o la ausencia de ella, lo estropea todo.
Además, no tenemos en cuenta la típica tradición idiota de acompañar ese desagradable momento con canciones melancólicas. No somos capaces de escuchar música con ritmo, necesitamos un mínimo estímulo para que nos ayude a desahogarnos.
Y esto es lo que pasa: tú, tirada en la cama llorando con una canción realmente triste de fondo, su foto delante de tus ojos, mientras esa persona está disfrutando día a día, sin preocupación ninguna, sin ser consciente de que, a metros o kilómetros de su casa, hay alguien sufriendo por él y esperando su respuesta.
Nadie aprecia lo que tiene.
No hay comentarios:
Publicar un comentario