martes, 1 de febrero de 2011

Sólo hay que pensar que queda poco.

Esta mañana me he fijado en unos árboles que hay de camino a mi casa que en verano, cada vez que pasaba por bajo, caían florecitas blancas que llenaban la acera. Mucha gente que pasaba se quejaba porque "ensuciaba la acera". Y empezaban a maldecir a los barrenderos por no eliminar esas florecitas de su vista. Parece exagerado, pero era verdad. 
Hoy, como todos los días, he pasado y me he acordado de eso. Esos árboles ahora son realmente deprimentes. Sí, esas personas quejicas estarán felices de no mancharse la suela del zapato de flores. Espero que disfruten de estos momentos de frialdad, porque dentro de poco volverán esas preciosas y a la vez molestas florecitas blancas. 

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