miércoles, 9 de marzo de 2011

Forever young

Veo a esas mujeres de cincuenta años que llevan en el bolso pastillas y una botella de agua, un móvil fuera de la nueva generación, las llaves y un gran monedero. Buscan en él algo desesperanzadamente. Saben que no lo van a encontrar, pero siguen buscando. Me he dado cuenta de que, en todos los casos, ese objeto que ya no existe en sus bolsos es siempre el mismo. La juventud. Quieren volver a vivir aquellos momento de minifaldas, guiños en las discotecas, noches desenfrenadas, amores en la playa, lloros de alegría en los brazos de una amiga... 
Su frustación lleva a pagarlo con aquellas que ahora podemos disfrutar de todo aquello a lo que dijeron adiós esas mujeres hace tiempo. 
Así que, si en algún momento una señora relativamente mayor actúa de manera repelente hacia nosotros, sin intención nos estará diciendo: Disfruta de ser joven, consume hasta el último momento. Ríe, salta, baila, llora, cree, ama, diviértete sin pensar en las consecuencias. Todavía nos queda mucho tiempo para sufrir. 


No quiero envejecer. Pero mientras tanto, actuaré de esa manera. 

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